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Memorias: Historia de un oso

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Transcurrían las primeras décadas del siglo XX en Europa y por las calles de Madrid deambulaba un muchacho pleno de ilusiones, pero en su frente se reflejaba el disgusto al ver a los de su clase, mirar y tratar con menosprecio a los madrileños de clases bajas.

Francisco González pertenecía una familia pudiente, de aquellas casas españolas de alcurnia, monarquistas, además. Para ellos era inconcebible tener un hijo revolucionario, con ideas libertarias y humanistas, en resumidas cuentas, una oveja negra.

Para Francisco, simpatizante anarquista, era demasiada la presión familiar para que “sentara cabeza” que decidió huir. Para ello no encontró nada mejor que abordar uno de los tantos barcos que atracaban a aquel puerto mediterráneo. Obviamente lo hizo como polizonte y se dejó llevar por el mar, sin destino cierto, ni pasaporte, ni despedidas. Fue así como llego a un punto de África, pero antes ya había sido descubierto. Ya en tierra fue entregado a la policía local, quienes luego de tenerlo apresado por unos días decidieron embarcarlo rumbo a América.

De esta manera llego a las costas de Cuba, donde fue dejado. Allí, obligado a ganarse la vida para subsistir aprendió el oficio de sastrería. Alguien le habló de un lejano país llamado Chile, de tierras tranquilas y con una importante y prospera colonia hispana. Llegó a Valparaíso y jamás volvería a cruzar los océanos. Estuvo también en San Antonio y otros pueblos, pero siempre las cartas del destino están marcadas y la suya se llamaba Santa Cruz. Y ese Santa Cruz tenía fuerte presencia de colonia española; el comercio era patrimonio de españoles y árabes, no existían los chilenos.

Así, ya establecido, se dedicó al trabajo de sastre y llego a poseer una destacadas Sastrería en la calle Rafael Casanova. llamada La Gran Tijera. Pero Chile también le regalo una mujer, fue así como se casó con una chilena. Luego llegaron los hijos… “uno cada diez meses” dice su hijo. Para sus conocidos resultaban extraños los nombres con los que los bautizaba: Libertario, Trosky, Lenin, Acatra y Belén. En su alma los ideales permanecían intactos.

Su hijo Lenin acostumbra pasear por la plaza de Santa Cruz, su asiento favorito esta frente a la municipalidad, al costado de la estatua de Nicolás Palacios. Con un amigo les gusta mirar a los turistas que salen del Hotel “ese de atrás también es chino…” le dice uno al otro. Le preguntó si él ha visitado España, responde que no. Don Lenin González Ibarra, quien fuera concejal por Santa Cruz, fue por muchos años un activo Bombero perteneciente a la 1ra. Compañía, la Bomba Chile España de Santa Cruz, actualmente es Director Honorario e Insigne de la misma, fue sastre como su padre “y Libertario” enfatiza. Siente orgullo de aquel padre que huyo de la incomprensión y una sociedad injusta, quien nunca volvió a pisar su tierra ni ver a sus hermanos, padres y amigos…

Gentileza de Quinahue Memoria.